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Reseñas

 



Antes de seguir publicando mi percepción sobre las obras que leo, debo aclarar algo.

 

En mis redes distingo dos grupos de obras:

 

Reseño libros clásicos, actuales, recién publicados o ya fuera de moda. En todos los casos digo lo que me parece, sin filtros ni concesiones. Si hay algo que destacar, lo destaco. Si hay peros, los argumento.

 

Aquí soy selectiva. Solo reseño aquellos que, según mi criterio, merecen visibilidad. Si una obra autopublicada no me lo parece, no habrá reseña. Sin explicaciones públicas ni medias tintas. Por eso suelo —no siempre es el caso— leer autopublicados sin que sus autores lo sepan y solo cuando me gusta les escribo y les invito a una entrevista.

 

No obstante, si eres autopublicado o editorial y buscas a alguien que hable bien de tu libro sí o sí, que reseñe sin leerlo o que siga modas, este no es tu perfil de referencia. Pero si después de haber leído esto, aun así, te apetece que reseñe el libro que has escrito o editado, escríbeme un correo. Pero queda clara mi postura. No nos llamemos a engaño.



Manuela_ferca




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Irreversible -reto para descubrir al culpable-

 

IRREVERSIBLE

Primera parte

 

Era una tarde como otra cualquiera, pero algo en el aire pesaba más de lo normal. El día anterior había bebido como un descosido y no recordaba nada desde la cena. Necesitaba salir del apartamento y despejar la cabeza.

En el portal saludé al portero con un movimiento de cabeza. No se merece más; sabía que el maleducado no iba a responder. Y eso que el último día que le pedí ayuda para mover unos muebles le di una buena propina, pero ni aún así.

Al salir a la calle tuve que frotarme los ojos: la claridad me cegaba. Tengo que beber menos, pensé. Entonces escuché el llanto del bebé de Laura, la vecina del quinto. Nuestra relación se rompió cuando me dijo que yo era el padre del niño. ¡A otro con esas patrañas! No obstante, al pasar, le hice unas carantoñas al niño y se calmó.

La tarde no iba bien; en cualquier caso, iría a ver a Esteban que como siempre estaría en el bar bebiendo y fumando. Es lo único que hace. Nunca debí prestarle aquella suma de dinero, pero me cogió en horas bajas.

Crucé la entrada del bar y allí estaba. Lo llamé. No reaccionó, ni siquiera giró la cabeza. Supuse que no me había oído con tanto ruido como había en el local. Me acerqué.

Puse mi mano sobre su hombro y esta se deslizó como el agua. Un frio extraño me envolvió. De repente, como un flas, recordé la noche anterior.

 

No puedo distinguir con quien estaba, ni siquiera el lugar, pero sí recuerdo la discusión, el grito, la sangre caliente extendiéndose por el suelo… mi sangre.

 

No era resaca, es que alguien me había matado.

©Manuela_ferca


(Continuará)

 

Volvemos al reto con un escritor invitado.


Os traigo la primera parte de un relato escrito por mí. No está completo.
El desenlace lo publicaré en un par de días, pero no lo escribiré yo: será un autor invitado quien se encargue del final:

Fabián Fernández Madero (@fabienfernandezmadero en Instagram).

Juguemos: ¿quién creéis que es el asesino?


A continuación, os doy pistas.

Pistas para resolver el reto

 

El portero vio sobre uno de los muebles dos relojes de oro.

Laura le advertía de consecuencias si no daba los apellidos a su hijo.

Esteban no pretendía devolverle el dinero.

La prometida del propietario del bar, se casó con Canelo (el protagonista) y luego fue abandonada.




IRREVERSIBLE

2ª parte


Por Fabián Fernández Madero @fabianfernandezmadero

 


 

Las declaraciones recabadas por el detective Carlos Frey, fueron las siguientes:

-Dueño del bar: “Por ser un día de mucho calor, había muchos clientes bebiendo; por lo tanto, estaba muy ocupado. Canelo se fue del bar sin pagar una abultada deuda, ya que también debía pagar los tragos de Esteban Fuentes. Salió tambaleándose del bar a las 12:10 del mediodía y se dirigió a su departamento. Al dar vuelta en la esquina, fue apuñalado y falleció por la gran pérdida de sangre”.

-El portero: “lo vi caer, me acerqué y, cuando vi el charco de sangre, llamé a la policía.

-La vecina del 5º piso: Escuché un grito y, cuando me asomé por la ventana, Canelo yacía en la esquina bañado en sangre.


En el allanamiento del domicilio del portero se hallaron dos relojes de oro que pertenecían a la víctima. En el departamento del occiso se halló una carta con amenaza de muerte firmada por la vecina del 5º piso, y Esteban Fuentes estaba bebiendo en el bar cuando ocurrieron los hechos.

Por lo tanto, El Detective Carlos Frey, resuelve: 1) Detener al dueño del bar por asesinato. Al portero por robo y a la vecina del 5º por amenaza de muerte.


Estos fueron los hechos: 

Canelo recibe la carta y se va a beber. Le da las llaves al portero, para que lo ayude a entrar al volver ya que iba a emborracharse. El portero decide entrar al departamento y robarse los relojes mientras Canelo no estuviera. El dueño del bar, no pudo haber visto que Canelo se dirigía hacia su departamento, ni que cayó en la esquina, ni que murió por una puñalada, por estar con mucho trabajo. El único beneficiado fue Esteban Fuentes.

 

@fabianfernandezmadero



Gracias a Fabián Fernández Madero por aceptar mi invitación a este reto y a todos quienes hayáis seguido esta propuesta, pensada para crear comunidad, entretenernos y, ante todo, descubrir autores.

Si alguien quiere ser el próximo escritor invitado, solo tiene que decírmelo por correo.


Hasta el próximo ¡Descubre al culpable!


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Los pseudónimos en literatura


 

Desde hace siglos, hay artistas que firman sus obras no con su nombre verdadero, sino con uno ficticio: un pseudónimo.

Las razones pueden ser diversas. 

En muchos casos se debe, simplemente, al deseo de separar la vida personal o profesional de la faceta artística, algo especialmente habitual cuando se tratan de temas controvertidos.

También, con un pseudónimo, se evitan prejuicios relacionados con el sexo, el lugar de nacimiento, la edad… es decir, evitas encasillamientos.

Como herramienta de marketing, utilizando un nombre más pegadizo, o incluso un nombre que se parezca a otro autor exitoso, lo cual conlleva el peligro de demanda, como es lógico.

Si tienes una comunidad lectora acostumbrada a leerte en un género concreto, cambiar de registro puede generar confusión, el pseudónimo ayuda a marcar esa diferencia y a centrarte en un determinado nicho.  

No quiero olvidar a todos los escritores que ocultan sus nombres porque no tienen otra opción. Hablo de otras épocas y también del presente, países donde publicar se incurría o se incurre en problemas legales. En Francia del siglo XIX, por poner un ejemplo, muchas escritoras adoptaban pseudónimos masculinos para poder publicar sus obras. Como George Sand, su nombre real era Amantine Aurore Dupin.

 

Algunos autores famosos que lo han utilizado son:

George Orwell, Eric Arthur Blair

Mark Twain, Samuel Langhorne Clemens

Azorín, José Martínez Ruíz

Recordemos a Carmen Mola, que resultó haber tres escritores detrás de este pseudónimo: Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero. Nombres reales que fueron revelados al recibir el Premio Planeta de Novela 2021.

 

El anonimato en la sociedad en la que vivimos tiene su importancia, al menos desde mi punto de vista, aunque yo, ya veis, voy a lo bonzo. Tal vez debería haberlo pensado dos veces. Ya está hecho.

Está claro que cada uno debe hacer de su capa un sayo, pero mi pregunta: ¿qué pensáis sobre el asunto? ¿Qué pseudónimo os habríais puesto de utilizarlo?

 

 

Once del once -Javier de Arriba

 



Once del once

Javier de Arriba

Editorial Círculo Rojo


La novela comienza con la llegada de un desconocido a un manicomio. Un celador que sueña con ser escritor, encuentra una fotografía que el anciano lleva consigo. Esta fotografía inspirará al celador a escribir una novela.

Podría decirse que es una historia dentro de otra historia. Ya la primera resulta sugerente: un desconocido, una foto intrigante, un manicomio… la historia promete. En pocas páginas nos introduce de lleno y nos despierta la intriga sobre quién es ese hombre desconocido, indocumentado. Pero, de pronto, un nuevo capítulo nos aparta y todo cambia. Es entonces cuando entramos en la guerra del 1916.

Una guerra que no se presenta desde el honor, la gloria o el patriotismo, sino desde su vertiente más real y cruda. Entramos en una historia de muerte y miedo, donde la esperanza no existe y la vida es solo cuestión de suerte. Aquí la guerra hace perder la fe, las creencias y cualquier noción de futuro.

La narrativa es algo densa, a veces con saltos en el tiempo y abundantes descripciones. No sé si es rasgo propio del autor o es un efecto deliberado para sumergirnos en la densidad del ambiente entre trincheras, poblado por personajes con un interior completamente destruido.

Que nadie se espere una presentación, un nudo y un desenlace. La novela fluye como un rio, con momentos puntuales que detienen al lector en escenas que atrapan y no permiten soltar el libro. Y si lo haces, sigues sintiéndote en una trinchera, con ganas de sumergirte de nuevo en la lectura

El final es confuso, no lo voy a destripar. Pero esa confusión, estoy segura, es buscada por el autor. El relato ha absorbido al narrador, y con él al lector, envolviéndonos en una sensación de desorientación construida con precisión. La historia que comenzó con la incógnita de quién es el hombre que entra en el manicomio, termina por desvanecerse, ya no importa ni siquiera el final.  Lo que realmente importa es el relato.


Es una obra que recomiendo. La leí en dos días, no por corta, sino porque me produjo el efecto de un imán. Digo más: siempre voy anotando sensaciones y en este caso no pude; no podía apartar la vista del libro y mucho menos para ponerme a escribir.


 

 Tenemos la suerte de contar con el autor, hablemos con él…

 

—Toda novela tiene un germen. ¿Dónde surge la tuya?

—Siempre quise escribir sobre la Gran Guerra, desde muy joven, pero no encontraba como darle forma; todo cambió cuando se entrecruzaron dos historias, la del narrador (que tiene su propio relato) y la que nos cuenta al recuperar la memoria del viejo Soldado perdido entre los pliegues de la historia. La idea de la silla de ruedas recorriendo el pasillo del frenopático, apareció ante mi viendo la película Amadeus. A partir de ahí todo fue sobre ruedas, nunca mejor dicho.

—Tu obra invita a la reflexión. Ahora quiero que seas tú quien reflexione: ¿crees que puede existir un mundo sin guerras?

—Es algo improbable. Tal vez dentro de mil años (si superamos nuestra adolescencia tecnológica) seamos capaces de vivir en paz, pero mientras haya tantos psicópatas megalómanos dispuestos a invadir, saquear y expoliar la casa del vecino, lo tenemos bastante crudo.


—Después de escribir una historia sobre la guerra, con escenas crueles y duras ¿cómo puede un escritor abordar escenas románticas o de humor sin que la experiencia anterior contamine la escritura? ¿Cómo dar ese salto?

—Es un salto de fe, o tal vez al vacío. Igual que existe el horror, existe el amor. Somos capaces de cometer atrocidades y perversiones inimaginables, pero también somos capaces de crear maravillas. Esta dualidad es algo único de nuestra especie, como la estupidez o la sabiduría. Así de peculiares somos, así de únicos.


—Qué te inquieta más: ¿que el lector se acostumbre a la crueldad de la guerra o que no llegue a comprenderla?

—Lo que más me preocupa, como a todo escritor, es la indiferencia. Que la historia resulte irrelevante y se convierta en otro cadáver más sin placa de identificación pudriéndose en una trinchera. Esa es la obsesión de Jean Paul


—¿Qué significa para ti ser escritor más allá de escribir historias?

—Vivir, así de sencillo, ya no concibo la vida sin escribir. Tampoco sin leer o sin música. Para mí es algo tan necesario como respirar.


—¿Escribir define quién eres o solo es una parte de ti?

—Totalmente. En todo lo que escribo hay una parte fundamental de mí. Hasta los personajes más diametralmente opuestos a su autor tienen algo de él. Escribir es la forma que tenemos de enfrentarnos al abismo, de mirarnos en ese espejo que te deforma; unas veces de manera graciosa, otras un tanto grotesca, pero que, lo mires como lo mires, siempre eres tú.


—¿Hasta qué punto un escritor vive dentro de sus historias y hasta qué punto las historias viven dentro de él?

—En mi caso creo que yo vivo más dentro de ellas que al contrario. Cuando intento describir algo, lo hago como si estuviera dentro, como si pudiera oler, ver y sentir lo que intento contar. Después, una vez terminado el relato, prefiero ir olvidando y buscar otra historia en la que sumergirme.


—¿Crees que un escritor tiene la obligación de dejar algo más que entretenimiento en sus obras?

—No sé si la obligación; al menos el compromiso de intentar, por todos los medios, que su obra no sea pirotecnia y luces que parpadean. Eso ya está inventado. Entretener no es mi objetivo, si solo consigo eso, al menos es algo.

 


La esencia de esta novela es que la guerra rompe algo que no puede recomponerse, es una grieta que jamás se cierra. Esa misma grieta deja la novela tras su lectura. 

Le doy la enhorabuena a su autor, Javier de Arriba.




©Manuela_ferca



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